Navidad sin Vanidad

Santa Claus, otra persona que parece santa, pero bien que le encanta. Lo tenemos en la mira, al dar las doce el man hace de paracaídas, se arma la chupa y el relajo. Le hacemos caida y limpia a los regalos. El barbón coca-colero se cola en estas fiestas como todos los años y desde tiempos inmemoriables, se ha robado el show tanto así, que es el más esperado, el único a quién esperamos y con quién contamos. Jamás lo hemos invitado aunque siempre hemos querido que venga al sonar las doce el veinticinco para saber cuántos somos y a cómo nos toca.

Niño Dios, el dueño de la fiesta ha sido marginado desde tiempos inmemoriables, a tal punto que ya casi nadie lo reconoce cuando lo ve, si es que lo ven o si es que piensan verlo. La falta de atención ha hecho que se ponga flaco y feo. Digo, esa es la única explicación para que ya nadie le pare bola. Hasta el mismo se ha de preguntar cómo era antes cuando la gente se emocionaba y lo ovacionaba de todo corazón al recibirlo. Ya nadie se hace el planteamiento: "No se niño hermoso que he visto yo en ti, que no se que tengo desde que te vi". Yo si sé, hemos visto negocio: vender, recibir, intercambiar regalos.

Y la plena hablando, EL niño Dios me pidió que te dijera (y no estoy Pluto) que dice EL, lo siguiente:
"SAY MY NAME"
Esa Es. Di Jesus, pero dilo con la buena intención. Y hazlo bien sin mirar con quién.
