Lo inhumano es propio de los humanos
Hace cinco o seis años (siete talvez) cuatro jóvenes nos pegamos tres platos en la Picantería Olguita. Parte del ritual de los Bien Borrachos Bertificados es finalizar la jornada con una buena comilona en algún lugar típico y ya tocaba hacerlo en esta hueca.
Ni bien comenzando la faena gastronómica, a uno de los tres en compañía, le dió una crisis asmática que hasta entonces desconocía que padecía. El más allegado a este pana, lo atendió con corazón de madre preguntando qué le sucedía, si podia hablar o respirar. Pero los otros dos que por la chirez que nos embargaba, habíamos pedido un mixto (pescado y camarones), observamos el plato intacto de nuestro compañero asmático. Le solicitamos permiso para abordar a su jama, lo cual aprobó con un dramático movimiento de cabeza. Procedimos y le hicimos caída y limpia a su pescado frito.
Cuando le preguntamos si se sentía mejor, el enfermo de último minuto dijo que un chance, así que nosotros los dos tragones, con esa previa culinaria, ahora sí comimos de nuestro plato compartido. El pana servicial que hacia de enfermero inprovisado nos dio visto bueno para también disponer de sus camarones reventados que ya no deseaba comer. Caida y limpia, otra vez. Si esto hubiese sido un cuarentazo, ¡el platanal que cuadrábamos!.
Sí, señoras, señoritas y las que dicen ser señoritas. Asi fue, señores, señoritos y los que dicen no ser señoritos. Le hicimos al buche con doble porción y a mitad de precio. Aqui cabe hacer una pregunta:
¿Somos inhumanos?
Mientras uno tuvo un crisis de salud y el otro lo ayudó, hubimos dos que solo nos concentramos en la comida y en la bebida (la "coca" y la "inka" de los manes también las hicimos propias). Nosotros los inhumanos nos reíamos del dolor ajeno y de lo suertudos que fuimos al servirnos tanto marisco en la mesa dentro del local de los Mariscones del Sur.
Pero no fuimos los únicos para quienes la vida solapada por la indiferencia, continuaba en ese momento. Otras doce personas contadas, ni siquiera se acercaron a ver qué acontecía. Nosotros teníamos la excusa de estar pasados de tragos y ellos también, opio. La frase "No somos menos que nadie" calzaba perfecto porque la verdad no fuimos menos indiferentes que todos. Fuimos peor, porque sucedió a uno de los nuestros y con nosotros.
Por el mal que hicimos o el bien que no hicimos, ya sea por falta de actitud o exceso de desgano, demostramos ser horribles personas (claro que una que otra bagre y uno que otro cromo por ahi, ni punto de comparación... ¡pero no viene al caso!). Había alguien con rostro AMARILLO que no importaba a quienes estábamos ELÉCTRICOS por el alcohol.
Por eso es "in", nuestro INterior.
Ni bien comenzando la faena gastronómica, a uno de los tres en compañía, le dió una crisis asmática que hasta entonces desconocía que padecía. El más allegado a este pana, lo atendió con corazón de madre preguntando qué le sucedía, si podia hablar o respirar. Pero los otros dos que por la chirez que nos embargaba, habíamos pedido un mixto (pescado y camarones), observamos el plato intacto de nuestro compañero asmático. Le solicitamos permiso para abordar a su jama, lo cual aprobó con un dramático movimiento de cabeza. Procedimos y le hicimos caída y limpia a su pescado frito.
Cuando le preguntamos si se sentía mejor, el enfermo de último minuto dijo que un chance, así que nosotros los dos tragones, con esa previa culinaria, ahora sí comimos de nuestro plato compartido. El pana servicial que hacia de enfermero inprovisado nos dio visto bueno para también disponer de sus camarones reventados que ya no deseaba comer. Caida y limpia, otra vez. Si esto hubiese sido un cuarentazo, ¡el platanal que cuadrábamos!.
Sí, señoras, señoritas y las que dicen ser señoritas. Asi fue, señores, señoritos y los que dicen no ser señoritos. Le hicimos al buche con doble porción y a mitad de precio. Aqui cabe hacer una pregunta:
¿Somos inhumanos?
Mientras uno tuvo un crisis de salud y el otro lo ayudó, hubimos dos que solo nos concentramos en la comida y en la bebida (la "coca" y la "inka" de los manes también las hicimos propias). Nosotros los inhumanos nos reíamos del dolor ajeno y de lo suertudos que fuimos al servirnos tanto marisco en la mesa dentro del local de los Mariscones del Sur.
Pero no fuimos los únicos para quienes la vida solapada por la indiferencia, continuaba en ese momento. Otras doce personas contadas, ni siquiera se acercaron a ver qué acontecía. Nosotros teníamos la excusa de estar pasados de tragos y ellos también, opio. La frase "No somos menos que nadie" calzaba perfecto porque la verdad no fuimos menos indiferentes que todos. Fuimos peor, porque sucedió a uno de los nuestros y con nosotros.
Por el mal que hicimos o el bien que no hicimos, ya sea por falta de actitud o exceso de desgano, demostramos ser horribles personas (claro que una que otra bagre y uno que otro cromo por ahi, ni punto de comparación... ¡pero no viene al caso!). Había alguien con rostro AMARILLO que no importaba a quienes estábamos ELÉCTRICOS por el alcohol.
Por eso es "in", nuestro INterior.