Siembran con todo menosprecio, ¿siempre?

Por unos cuantos dólares nos dan chicharrón. Hay quienes se hacen queso por darnos vire. A veces ni tenemos enemigos, al menos eso dicen los noticieros después que pasamos a mejor vida y no precisamente por ganarnos la lotería. En cualquier momento nos juega el número y Bang!, nos llenan de plomo sin necesidad de chuparnos un juguete de Mattel.
Pero aquí cabe hacer una pregunta: ¿Valemos lo que costamos?. Triste realidad es que nuestra pobre existencia vale un palo y dos bolas. Y es que para borrarnos del mapa basta una gamba.
Y no es joda. Hace una década, el gremio matador no prestaba sus servicios por menos de diez mil dólares. Ahora como en todo campo profesional, siempre hay quien daña el mercado y encima tratándose de un país donde prima el regateo, se encuentran asesinos que lo hacen por mil, otros por quinientos. Unos por doscientos y otros despachan bien por cien. El término “bien despachado” es apropiado cuando se mata bien muerto.
Yo pienso que los sicarios tienen visión y ven más allá. En su negocio de llevar gente al más allá (no confundir con coyoteros), aplican producción en masa. Hasta cinco personas en un día. Tal vez han de tener amarres con las funerarias pues la muerte no es negocio muerto. De seguro conspiran para que algunos vivos cobren seguros de vida.
Parece que matar da para vivir sobre todo teniendo una Policía Nacional ineficiente que no se alcanza a dar seguridad para todos ya sea por su ineficacia técnica o por el desmotivado sueldo que no les alcanza para sobrevivir.
Si hieres a alguien sentimentalmente, te parten el corazón a quemarropa. Si pateas las finanzas de un chulquero, te saldarán con ajustes de cuenta. Si le caes pesado a alguien, te llenan de plomo. Si traicionas, te apuñalan por la espalda. Quien se pica pierde, quien pierde la vida que no se pique.
Los sicarios deberían cobrar más por la efectividad de su trabajo. El riesgo que corren es tremendo. Porque el día en que sean atrapados, esperamos sean encerrados en un horno para cremación a fuego lento. Que de una vez entren en calor y sepan lo que les espera cuando lleguen al maldito infierno.
Todo lo anteriormente escrito fue lo que me dijo que les dijera un fantasma que bebió un trago amargo cuando estábamos tomando en la barra, basada en hechos reales. Ese fantasma no es del borracho que escribe. Es... el Fantasma de la Impunidad.
¿Creen que me estoy riendo? Pregunten a la perra Kimberly por la madre e hija que murieron apuñaladas en su casa.
La industria del sicariato siembra terror y la sociedad cocecha familias huérfanas.
