YOYOMAN y el arte del sube y baja pa un lado y pal otro

Ni por mucho que me hubiese sacado la madre de sol a sol, practicando en los barrios bajos, utilizando las más diversas técnicas de las artes marciales o coreografeándome con dos bates pegados en el mate, podría llegar a este nivel de dominio con el yoyo. A lo máximo si tenía el yoyo de Enrique y Ana, lo vacilaba suave para que no se raspara ni pelara. O sino el yoyo de lucecitas de neón. En la mayor inspiracion hacie el columpio y el ascensor, mas nada. A veces hasta se me lo choreaban.



Hay que darle mérito al tipo que hace posible lo imposible con este juguetito, me recuerda a ese dulcecito que llamabamos chepita y vendian en los bares del cole. Los curas nos corregian y nos exigian que pidamos yoyo, yo ni idea que chepa era mala palabra haciendo alusión a la cosita buena de las hembras. Era Princesa la chica de Fuerza G en guerra entre planetas, la del traje de patito que peleaba con su chepita, que diga con su yoyo.

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